La cesta de la compra ha variado mucho en los últimos años. La globalización ha permitido que, por ejemplo, tengamos acceso a verduras y frutas –incluso tropicales- fuera de temporada. Con ello, dependemos menos de las estacionalidades pero también implica que el producto debe hacer cientos o miles de kilómetros hasta llegar a destino.

Durante todo el trayecto, cada alimento forma parte de una compleja cadena de distribución que exige de la coordinación de, normalmente, varios distribuidores. Cada agente debe facilitar la trazabilidad del producto para conocer el estado del producto durante todo el proceso.

En este sentido, los controles de calidad son especialmente relevantes, así como lo son las nuevas tecnologías que, sin desembalar los envasados, nos permiten conocer el estado de los mismos. Tecnología que también se aplica a otras industrias al margen de la alimentaria, como la farmacéutica o la cosmética.

Otro tema relevante es el de los materiales de los alimentos: nos referimos al envase usado para el transporte, su composición, origen, durabilidad, tratamiento… ¿Cuál es el más adecuado en cada caso?

Tipos de materiales homologados para el envasado de alimentos

Las características que ha de cumplir cualquier elemento que participe de alguna manera en la cadena alimentaria son:

  • Ser inerte: no transferir sustancias propias al producto que envuelve.
  • Ser resistente: que no se fracture con fragilidad, poniendo en riesgo la calidad y salubridad del alimento.
  • Adaptado al envasado: cada alimento exige de unos requisitos. No tendrá nada que ver el envase de leche fresca, que el de agua o un refresco. En cualquier caso, cada uno de ellos se tendrá que ajustar al Reglamento que corresponda.
  • Materiales permitidos: los alimentos solo se podrán envasar en elementos previamente catalogados para ello. Según el Anexo I del Reglamento 1935/2004 son:
    • Elementos inteligentes homologados, diseñados para control de temperatura, humedad, antigolpes, etcétera.
    • Metales recubiertos de cromo, estaño o zinc. Su uso es muy común en conservas.
    • Tarros de cerámica, vidrio y similares que cumplan la normativa que regula su utilización para fines alimentarios. No se permite, por otra parte, la reutilización de envases de vidrio que previamente hayan tenido otros usos como puede ser contener químicos, desinfectantes, etcétera.
    • Cartón, papel y derivados. Los vemos comúnmente en infinidad de alimentos como pueden ser los sobres de azúcar, pastas, arroces…
    • Plásticos. En el sector alimentario se pueden usar tanto plásticos de nueva fabricación como procedentes de reciclaje. En el segundo caso tendremos que ajustarnos al Reglamento 282/2008. Los símbolos de identificación informarán al usuario de su procedencia, como señal de que son seguros: PET, PETE, HDPE, LDPE y PP.
    • Tejidos, fibras textiles y cuero.

Cada envase, por su parte, debe incluir en el etiquetado la categoría a la que pertenecen. Debemos facilitar en todo momento que  el consumidor conozca de qué está fabricado el envase.

Asimismo, incluirá la leyenda de cómo se debe usar y qué hacer con el mismo para su reciclado.

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